Soy mujer y también tengo derecho a un empleo digno

Blog marzo 2018
Históricamente, las mujeres siempre hemos estado en desventaja. La definición de una mujer ha estado ligada con conceptos como: fragilidad, vulnerabilidad, debilidad y otras cualidades que ponen en duda la capacidad intelectual de la mujer.

Es por eso que se ha dificultado nuestra participación, opinión y acción en procesos sociales, políticos, culturales, etc. Aspectos muy importantes para la sociedad. 

Por lo tanto, para que como mujer podamos aportar al desarrollo y a la economía del país, al igual que los hombres, también necesitamos que se faciliten oportunidades como: mercado laboral, mercados de productos, servicios y el acceso global de dichos mercados.  

Es innegable, el avance que hemos tenido las mujeres en la inserción laboral. Sin embargo, seguimos en la lucha contra las desigualdades y retos en el campo laboral para conservar u obtener un empleo digno.   

Entre los principales retos que las mujeres enfrentamos está la brecha salarial. 

Es difícil de creer que en pleno siglo XXI vivamos en uno de los países que no garantiza la equiparación salarial entre hombres y mujeres. 

El 17 de marzo de 2011, la Asamblea General de El Salvador aprobó la Ley de Igualdad, Equidad y Erradicación de la Discriminación Contra las Mujeres, una normativa que debería garantizar la protección a nuestros derechos. Sin embargo, la realidad es distinta. 

Nuestra realidad pide a gritos un cambio en un país  donde la participación en la fuerza laboral de las mujeres en la región no crece equitativamente en comparación a la de los hombres; una de cada tres mujeres no obtiene sus propios ingresos, comparado con el 11.7% de los hombres.  Además, el 90% del trabajo doméstico no remunerado es aún ejecutado por mujeres.

Los hombres ganan más que las mujeres en cualquier edad, nivel de educación o tipo de trabajo.  En cuanto a las mujeres que realizan trabajos remunerados, el 58% lo hace en el sector informal y con acceso limitado a seguridad social y 14 de cada 100 mujeres están dentro del sector de trabajo doméstico, el cual aún constituye la ocupación más importante para las mujeres en América Latina, según afirma ONU mujeres. 

A pesar que las mujeres contribuimos de manera muy significativa a la economía, ya sea en empresas, granjas, como emprendedoras, empleadas o trabajando como cuidadoras domésticas no remuneradas. Nos seguimos viendo afectadas de manera desproporcionada la pobreza, la discriminación y la explotación. La discriminación de género también implica que a menudo las mujeres acabamos desempeñando trabajos no seguros y mal pagados, y siguen siendo una pequeña minoría en puestos directivos o políticos. La discriminación también reduce el acceso a bienes económicos como la tierra y los préstamos y limita nuestra participación en el diseño de políticas públicas. 


Blogger JOVEN360

Karen Vargas


 

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